Treinta años después regresé al Alcázar de las 100 Águilas
24 de noviembre del 2007
Nuevamente me sentí cadete.
Si lo confieso, ¡volví a ser un niño!

Mi mente, en una impresionante metamorfosis, fue capaz y rauda me llevo a espacios y hechos pretéritos. Todo comenzó a ocurrir el sábado apartir del momento justo de la llegada a La Capilla de La Escuela Militar, frente a los ojos atónitos de mi hija quien amorosamente me acompañó a la ceremonia, ocurrió que mientras los brazos de Mis Compañeros de Curso me apretaban contra sus pechos y al sentir como se fundían nuestras frustraciones, éxitos y desvelos,ocurrió el milagro, volver vivir a los primeros días de la búsqueda de mi querida carrera.
Mientras nuestros mutuos cariños de hombres me llenaban el alma de un reluciente afecto, reviví la fuerza de aquel sentimiento casi místico y propio de los soldados que muy pocos comprenden en su total dimensión, pero que aquellos que lo hemos vivido lo valoramos en su profundidad, El Compañerismo. Mágicamente mi mente me transporto, no solo a ese 17 de diciembre del 1977 fecha que celebrábamos por ser el día de nuestra graduación como Oficial del Ejército de Chile, sino que a recorrer los 1500 días de alumno en El Plantel Castrense del Libertador General Bernardo O”higgins.
Hoy, la tarde del día siguiente a la celebración, me miré al espejo, y noté algo diferente en mi rostro, me detuve un rato para tratar de entender que era, y entonces vi que mis ojos tenían un brillo distinto, -lo conocía-, es el fulgor que me acompaño durante muchos años de juventud, años cuando esperanzado en un magnifico mañana miraba sin temor el futuro y luchaba sin desmayo por conquistarlo.
Es el centellear del espíritu que se fue apagando mientras mi caminar por el país, al que amo entrañablemente, me hizo ver como se despedazaba al ser amedrentado por odios absurdos nacidos de ansias desmedidas de poder. Odios a los cuales no fui, ni tampoco hoy soy inmune. Es el brillo de las ansias de ser feliz, luz que se fue muriendo poco a poco opacándome la mirada mientras moría mi esperanza.
El regreso del resplandor me dice que ha renacido en mí la esperanza y una vez más Mi Chile es más fuerte que el odio y rencor de unos pocos, que aquellos que no entienden lo que nos paso están definitivamente perdidos en el limbo del desconsuelo.
Me siento profundamente reconciliado conmigo mismo, solo espero poder contagiar de esté mismo espíritu a todos mis compatriotas, es muy hermoso entender que pese a todo el sufrimiento vivido y horrores vistos, podemos seguir siendo felices y aceptar que aquellos que no tuvieron nuestra suerte, pese a que ahora no están presentes, no perdieron en vano lo mejor de ellos, su vida, sino que se han transformado en los cimientos del renacer del alma nacional.
Aquí hay un Enlace a: Exonerado
Compañeros de Curso,
familiares y amigos,
gracias por compartir
un día muy especial.
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chure dijo
Manuel, que alegria el que te vuelvas a encontrar contigo mismo
me agrado mucho que estuvieras presente
Un Abrazo
Salvador Santelices
29 Noviembre 2007 | 02:38 AM